Una de las cosas que más me relaja mientras espero a que salga mi avión es sentarme en la cafetería del aeropuerto y beberme un vino blanco. Os recomiendo la experiencia relajante, así subes al avión mucho más despreocupado. Otra ventaja es que si viajas en Easyjet como que te da lo mismo que se te cuelen esas hordas de inglesas maleducadas buscando el mejor sitio desesperadamente. ¡Tú ya estás feliz!
Emulando a la gran Sara de España, bebiendo espero...


Todos los fines de semana vuelo a Madrid desde el norte.
Me gusta llegar pronto a la terminal, ya que el vuelo que tomo es el último, con suerte estoy solo en la puerta de embarque.
Es en ese momento cuando recuerdo muchos de los viajes que he hecho a lo largo de los últimos años, como todos comenzaban desde aquí.
Mirando la sala de espera vacía, con su límpio y ordenado diseño, deseo que llegue la hora de embarcar, para apenas una hora de vuelo, llegar a mi destino.
Los últimos cinco minutos antes del aterrizaje se hacen eternos, veo como el avión sobrevuela en círculo sobre la ciudad de Madrid, una vuelta, casi dos, y tras tomar tierra, el avión recorre la pista en un viaje que se hace mas largo que el vuelo en si mismo, avanza cruzando numerosas pistas, hasta dar vuelta por completo a la terminal, una vez bajado del avión, avanzo rápido por los interminables pasillos de la T4, hacia la salida, paso por las puertas automáticas y desciendo hacia la zona de recogida de equipajes y al fondo, al fin la salida ...
Como un ritual, repetido desde hace un mes, salgo por la puerta al contrario que todo el mundo, girando hacia la izquierda, , veo cientos de caras buscando a sus familiares, a sus maridos, a sus hijos, amigos o novios ...
Apenas puedo posar mi mirada en ellos, porque un poco mas allá, apoyado en la valla de separación, está la persona que hace que merezca la pena pasar por los interminables controles de los aeropuertos, soportar las horas de espera en la terminal y sufrir los horribles menús de los cafés y restaurantes de aeropuerto.
Apenas dos días y vuelta al aeropuerto, a mi regreso contemplo con envidia a los que llegan, a los que se quedan y solo puedo pensar en el siguiente fin de semana, en el que todo se repite, como un mantra, el que me lleva de nuevo a mi bb.
Tengo casi ochenta años, casi veinte veces mas que este aeropuerto, y es la primera vez que voy a subirme a un avión.
La razón, pues voy a encontrarme con el hombre con el que debí compartir mi vida, pero la familia y los prejuicios en los años 40 pesaron demasiado.
Suerte que el personal del aeropuerto me llevó hasta la puerta de embarque en una silla, sin esta asistencia habría sido incapaz de localiza la puerta H75, entre las innumerables puertas de la terminal, que distancias!.
Sentada ya, a cinco minutos apenas de embarcar, no dejo de pensar, no sin cierta ironía, que viajaré por el aire, el mismo aire que está lleno de los suspiros que le dediqué a mi amado, sobre estos suspiros volaré, sin miedo a caer.